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Biografía del auténtico y verdadero Alcalde Lorenzo López Camelo - Capítulo V

A fines de diciembre de 1820, resultó electo representante por la provincia de Buenos Aires (60), prestando juramento el 1º de enero de 1821 como Regidor Cuarto y Defensor de Menores del Cabildo de Buenos Aires. (61)

En el acuerdo del 10 de marzo de 1821, el ayuntamiento le concede un mes de permiso para pasar a su estancia por "asuntos de mayor urgencia", quedando a cargo de la Defensoría de Menores, don Manuel José Haedo. (62) El 25 de abril se reincorpora a las sesiones (63) y el 16 de mayo de 1821, se le encomienda la defensa de la frontera del sur, por las frecuentes invasiones de los bárbaros (64).

La situación de la campaña en esos momentos, dio motivo para que se reunieran varios hacendados de la provincia con el coronel don Elías Galván. El encuentro se llevó a cabo en la casa del gobernador y los presentes labraron un acta acuerdo que elevada al gobierno fue aprobada por la Honorable Junta de Representantes, cuyos integrantes resolvieron la constitución de una compañía militar de 100 hombres con la denominación "Blandengues Veteranos del Cuerpo de Hacendados", la cual estaría mandada por un capitán, un teniente y un alférez, siendo designado para llevar adelante este cometido conjuntamente con don Joaquín Suárez y don Pedro Pablo Escribano. (65)


Gaceta de Buenos Aires - publicación (creación de la compañía
"Blandengues Veteranos del Cuerpo de Hacendados" y de la "Junta de Comerciantes y Hacendados").


Terminada esta comisión, el 3 de agosto de 1821, entró nuevamente en el ejercicio de sus atribuciones como Regidor Defensor de Menores en el Cabildo porteño (66) y cuatro días después, por un decreto del gobernador don Martín Rodríguez, se crea la Junta de Comerciantes y Hacendados, destinada a la protección del comercio, la agricultura y la industria, integrando la misma en representación de los hacendados. (67)

Por una ley propiciada por el ministro don Bernardino Rivadavia, el gobernador don Martín Rodríguez dispone la abolición de los Cabildos de Buenos Aires y Luján, fijando como último día de sus existencias el 24 de diciembre de 1821. Por tanto comunicaba la suspensión de las elecciones, de los individuos que debían sustituir a los capitulares para el año entrante de 1822. Ante esta medida, los Regidores, con la firma de todos sus miembros, incluido don Lorenzo López, dejaron constancia: "que habiendo recibido del pueblo el mandato que ha ejercido durante un año, no prorrogará sus funciones a partir del 31 de diciembre de 1821". (68)


Firmas de los regidores y otras autoridades que actuaron en el Cabildo durante el año 1821,
que constan al pie de los acuerdos capitulares - Lámina VIII -
Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Serie IV, Tomo IX


Sus influencias políticas con las más altas personalidades del gobierno, logradas de las diversas actividades cumplidas en la función pública, no significó que olvidara el tan ansiado anhelo de los habitantes del Pilar de ver concretado el traslado del pueblo, de su antiguo asentamiento al lugar actual, y la construcción de la iglesia. Esta aspiración a la cual no era ajeno, había sido iniciada muchos años antes y, por distintos acontecimientos sucedidos en el país, sus gestiones se hallaban interrumpidas.

El 11 de enero de 1822, una nota enviada por los vecinos del pueblo y partido del Pilar, solicitaba al Ministro de Hacienda fondos públicos "para edificar una Iglesia parroquial en la loma inmediata a la población, donde se lograría una posición más ventajosa, capaz de proporcionar al templo más consistencia y duración que la situación en el que se halla ruinoso, contando para el efecto, a más de la piedad generosa de los propietarios, con la liberalidad de don Lorenzo López, que se constituye a contribuir con la cantidad de mil pesos anuales durante el tiempo de la obra del templo, y en señal de seguridad firma también con nosotros..." (69)

La respuesta no se hizo esperar y el gobierno contestó agradeciendo el gesto de don Lorenzo López, comunicando, además, que incluiría en el presupuesto de ese año que aún debía aprobar la Sala de Representantes, la cantidad de quinientos pesos para la misma obra. (70)

Las tareas destinadas a la edificación de la iglesia habían sido suspendidas al poco tiempo de iniciadas y en 1823 su progreso era muy lento y faltaba mucho por hacer. El 7 de enero de ese año, el gobernador Martín Rodríguez dictó un decreto, conforme al nuevo orden establecido por la ley de la reforma del clero, destinado a la multiplicación de los templos de la campaña.

Las partes más salientes de esta disposición decían: "acordando el celo distinguido del vecino de esta ciudad don Lorenzo López, en su solicitud para la construcción de un templo en el Pilar, la consideración que las atenciones del erario y sus recursos permiten, el gobierno ha acordado [entregar] la cantidad de 10.000 pesos para la construcción del templo diseñado en los planos presentados, que debe erigirse en el nuevo pueblo del Pilar. Esta cantidad será abonada a razón de 1.500 pesos al año y por la tesorería general…". (71)

Si bien ello no fue suficiente y los inconvenientes económicos perduraron para lograr el cometido, la obra, pese a los lapsos de interrupción, siguió avanzando. Años después, por superior decreto del gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, se previene, entre otras medidas: "que todas las multas que se saquen en virtud de las ordenes vigentes, sean de la naturaleza que fueren, se entreguen al señor Lorenzo López, con el objeto de que sirva a beneficio de la fábrica del templo que por piedad religiosa se construye…". (72)

El predio que hoy constituye el casco céntrico del Pilar, fue otra de sus obras culminantes. Entre los años 1825 y 1830, compró y recibió en donación por parte de las hermanas María Josefa y Juana Pérez, varias fracciones de tierras, con una superficie que comprendía 700 varas de frente (606,20 m.), por siete cuadras de 150 varas cada una de fondo (909,30 m.), más la manzana destinada para la iglesia. Se supone que los títulos de propiedad pasaron a la municipalidad por cesión de don Lorenzo López. (73)

Los documentos que certifican las transferencias de los terrenos mencionados, consignan al comprador como Lorenzo López de la Rosa, lo que llevó a presumir en principio que se trataba de un pariente de las vendedoras, por ser éstas hijas de don Tiburcio Pérez de la Rosa. Debemos reconocer que este hecho nos despistó hasta lograr aclararlo; el apelativo "de la Rosa" era un agregado y representaba el nombre de su padre, posiblemente utilizado para diferenciarse de sus homónimos. (74)


 
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