La Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires, todopoderoso
organismo que desde 1939 integró a compañías de
micros y tranvías, otorgó en el año 1943 pocos
permisos precarios (en realidad una reprivatización) a líneas
provinciales de media y larga distancia para cubrir servicios de Capital
a provincia; entre ellos estaba el permiso Nro. 3 al Expreso Pilar S.A.
La fotografías que ilustran esta reseña (una de la Colección
de Jorge Alfonsín), dan cuenta de cómo eran años
atrás los colectivos que nos unían con Buenos Aires, con
unidades chicas, pocos asientos y con su tren trasero de ruedas simples.
Es interesante, entonces, recordar brevemente la historia del colectivo
porteño, que propició otro invento nacional.
Los
precursores
En las postrimerías de la década del veinte, Buenos Aires
contaba con un eficaz servicio de taxis, pero casi carecía de
pasajeros ya que muy pocos porteños podían gastar los
pesos necesarios por la difícil situación económica
y la falta de trabajo. Cuenta la leyenda que una tarde de septiembre
del año 1928, en el desaparecido "Café La Montaña",
(esquina de la Av. Rivadavia y Carrasco) se encontraban reunidos varios
taxistas, comentando una experiencia que había dado muy buenos
resultados a otros colegas emprendedores. Éstos salían
con sus taxis con hasta seis personas desde lugares clave como la Plaza
de Mayo hasta el Hipódromo de Palermo y diversas canchas de fútbol
cobrando cincuenta centavos o un peso (según la distancia) por
cada pasajero.
Es por ello que decidieron utilizar el método. La fecha elegida
fue el lunes 24 de septiembre de 1928, día en que inició
su recorrido la primera línea de "auto-colectivos".
Aunque la Municipalidad prohibía el uso colectivo de taxis, el
recorrido había sido pautado: partiendo desde Primera Junta,
efectuarían una parada en Plaza Flores y finalizarían
en Lacarra y Rivadavia. Así dio comienzo el servicio.
Las
primeras carrocerías
Veamos brevemente como eran las carrocerías en sus orígenes.
Relatan Aníbal Trasmonte y Alejandro Scartaccini que en la década
del veinte los primeros colectivos fueron automóviles de alquiler
con el reloj taxímetro tapado y con carteles móviles,
muchas veces de manufactura casera, que indicaban el recorrido. Generalmente
la capacidad era de siete pasajeros sentados más el chofer. Como
estos vehículos fueron luego insuficientes, algunos propietarios
decidieron abandonar la explotación como taxímetros y
modificaron sus automóviles y los alargaron con el fin de ganar
una fila de asientos para transportar más pasajeros por viaje.
A partir de 1931 se abandonó el formato del automóvil
y fueron los primeros modelos carrozados sobre chasis cortos de camión,
aptos para resistir el diario trajinar. La capacidad de pasajeros sentados
normalmente ascendía a diez. No obstante, conservaron algunas
características heredadas de los autos como las ventanillas,
que eran de bajar con el mismo sistema de los autos, o las puertas que
eran enterizas. Fue en esta etapa que el colectivo llegó al formato
que conservó durante casi diez años, el de los recordados
once asientos. Recién luego del año 1937 el colectivo
adopta un mejor formato, incorporando la bandera luminosa en su frente
y adaptándoselo para llevar ruedas traseras dobles, que mejoraron
su estabilidad. Varios vuelcos, algunos con consecuencias desgraciadas,
llevaron a reglamentar su adopción. Pese a los años transcurridos
algunos detalles de sus ancestros, los automóviles, continuaban
vigentes: aún las ventanillas subían y bajaban mediante
la tan conocida manija giratoria.
Debido a la II Guerra Mundial, en la década del 40, los colectivos
debieron usar unidades recarrozadas para alargar sus chasis y utilizar
camiones de modelo más o menos reciente para carrozarlos como
colectivo. Lo curioso es que este tipo de coche creció en largo,
pero no en ancho. Muchas conservaban la vieja modalidad de ventanillas
con mecanismo de apertura al estilo automóvil, pero otras incorporaron
una variante: la ventanilla guillotina, que subía en lugar de
bajar mediante un sistema de guías. Con los años fue cambiando
el aspecto de estos primeros colectivos, pero esa es otra parte de su
rica historia.