Este
9 de julio será sin dudas recordado como "el día
de la nevada". Sin embargo, para los que nos gusta escudriñar
la historia, hay otro día del siglo pasado que se recuerda también
de esta forma. Se trata del sábado 22 de junio de 1918.
Esa mañana amaneció con mucho frío y con algunas
lloviznas. Luego del almuerzo, la lluvia cambió por una novedosa
precipitación blanquecina y los derquinos vieron caer los primeros
copos con el mismo asombro que nos causó a nosotros lo del pasado
lunes.
El fenómeno fue más notable en las zonas suburbanas que
en el centro de las ciudades. El diario porteño "La Prensa",
informó al día siguiente que en la azotea de su edificio
sobre la Avenida de Mayo de la Capital Federal, a las 12,30 de la noche,
la nieve alcanzaba más de diez centímetros de altura.
Según los registros meteorológicos la nevada comenzó
a disminuir en intensidad durante la madrugada del domingo.
Según cuentan los memoriosos, en algunos lados, la nieve tardo
dos días en derretirse y muchos llegaron a juntar el hielo en
distintos recipientes para recordar el hecho.
Como anécdota e inspirado en este día de frio intenso,
el pianista Agustín Bardi (conocido como "El Chino")
compuso una de las joyas mas recordadas del repertorio de tango, cuyo
título lo dice todo: "Que noche".
Sin dudas, uno de los edificios emblemáticos de nuestro pueblo,
la Estación Toro, también hubo de sufrir (o gozar) la
nevada, seguramente quedando cubierto tal como lo muestran estas imágenes
actuales.