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Un local sinónimo de panadería


Días atrás nos enterábamos sobre la decisión municipal de demoler un edificio que amenazaba derrumbarse, basado en el peligro que significaba para los transeúntes. Se trató del viejo edificio sito en la esquina de la Avda. de Mayo y la calle Rivadavia, el que pertenece en propiedad a la Familia Pagani, cuya heredera, la Sra. Jorgelina Pagani aceptara con su decisión el destino final de la construcción.

Es indudable que el tiempo había dejado su paso y ese edificio estaba en ruinas hace varios años; pero sin embargo destacaremos una breve reseña de lo ocurrido dentro de esos muros, a los efectos de tener presente que, aunque demolido, ya forma parte de la historia local.

En las décadas del treinta y cuarenta del siglo pasado supo ser la panadería de los Hermanos Pérez, cuyo local alquilaban a Don Jorge Pagani, quien vivía en nuestro pueblo y tenía otro hermano residente en Pilar. Más tarde fue alquilado por el Sr. Borgonovo y años después por el Sr. Rodríguez. Ya en la década del setenta, fue la panadería de la Familia Pacheco.




Fotos gentileza El Diario Regional




Panadería de “Pérez Hnos.”

Como homenaje a esta casa sinónimo de panadería, discurriremos sintéticamente sobre el negocio de los hermanos Pérez: “Panadería, facturería y bombonería”. Por esa época, el edificio era de ladrillo a la vista, similar al situado enfrente, sede del Club Unión.

Tanto Alberto como Fernando Pérez, eran dos hermanos que dedicaron su vida a la panificación en la Villa Toro de entonces, tanto en este solar como en el de la esquina de las calles Toro y Belgrano, cuyo local luego fuera comprado por la Familia Boragno, apenas llegaron a estos pagos.

El trabajo en las panaderías siempre fue de entera dedicación y mucho más si nos situamos tantos años atrás. Ésta de los hermanos Pérez, contaba con un horno lógicamente a leña y se trabajaba todos los días de la semana. El pan más clásico que se amasaba era el francés, además de la galleta marinera, bollos, tortas negras y bombones. La especialidad de la casa, según reza su publicidad, era el pan dulce.

Un elemento distintivo a tener en cuenta es que siendo en la Villa Toro de entonces, la mayor población de carácter rural, era fundamental el reparto a domicilio. Por esos años figuraban muchos que hacían esas tareas, recordándose a Julio Torres, Domingo Maspero y Raúl Trolla. Era efectuado mediante una “jardinera”, carro tirada por un caballo, aunque en días de lluvia se le ponía dos animales, debido al mal estado de las calles de tierra. El pan era llevado a granel en ese vehiculo y rara vez se vendía por peso utilizando balanzas. Generalmente el kilogramo de pan francés estaba confeccionado por 4 panes más “un pan de molde” que se dejaba para completar el peso “justo” y que no hubiera reclamos. Su costo era anotado en las “libretas” que cada cliente tenía y que abonaba mensualmente. Al final del dia, los repartidores “pasaban la cuenta” al dueño de la panadería. Ese kilo de pan solía costar unos veinte centavos.

Es posible que algún derquino memorioso nos acerque algún recuerdo más y desee compartir anécdotas de estas panaderías que ya forman parte del acervo histórico local.





 
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